El rencor argentino, es un cuchillo caliente, pesado, oxidado y largo en las manos del tiempo.
Vivimos una situación en la que nuestro propio rencor nos impide arrancar el dolor que nos han causado por siempre jamás.
Vemos odio en todos los sitios. Nos carcomemos silenciosamente, y le damos rienda suelta a nuestro rencor para que se adueñe de nuestra alma y la vacíe por dentro.
Es verdad, hemos sido traicionados, nos mintieron, lastimaron, humillaron, maltrataron, desilusionaron. Hemos sido testigo de la violación de la justicia y la honradez. ¿Y qué hicimos?. Atrincherarnos en el rencor. Claro es la respuesta más fácil.
El camino del cielo a nadie favorece, pero siempre beneficia al
hombre bueno.
Si el pueblo no teme al rencor, le amenaza el peor peligro, su propio rencor, y no puede estimar la vida, la naturaleza, el amor.
El rencor argentino, es parte del sufrimiento que hace que estemos
estancados, impidiéndonos amar, sonreir, vivir. Nos impide seguir
desarrollándonos e impide que nos demos cuenta que el perdón es la mejor
forma de venganza
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